Hemorragias

La sangre circula por todo nuestro cuerpo a través de las arterias, las venas y los capilares. Cuando sufrimos un golpe o nos cortamos, se pueden romper algunos de los vasos haciendo que la sangre fluya hacia el exterior o quede dentro del cuerpo, produciendo hemorragias externas o internas. De acuerdo a la intensidad del accidente y la afección directa de las arterias puede producir hemorragias graves.

Dependiendo del lugar donde se produjo la herida, puede o no sangrar mucho. Hay que estar atentos a personas que sufren de trastornos de sangramiento o que consumen medicamentos que licuan la sangre, ya que tardara en coagular. Es por esto que hay que trasladarlos de inmediato a un centro de atención médica.

Siempre que se produzca una perdida de sangre, hay que controlarla de inmediato, mucho más si el sangrado es abundante. El mismo cuerpo tiene un sistema para controlar la pérdida, produciendo una vasoconstricción, haciendo que el diámetro de los vasos se achique, sumando plaquetas en torno al vaso lesionado, generando un coágulo para tapar el vaso y evitar que la sangre siga saliendo.

Hemorragia externa

Por afectar la integridad de la piel, se produce la salida de sangre, lo que ocasiona la hemorragia y potencialmente la herida puede infectarse. Según el diámetro del vaso que se vea afectado, será la intensidad del sangrado.

Las hemorragias capilares o superficiales son escasas y se pueden controlar fácilmente.

Las hemorragias venosas pueden ser abundantes o escasas pero de salida continua, y la sangre se caracteriza por ser de color rojo oscuro.

Las hemorragias arteriales se caracterizan porque la sangre es de color rojo brillante, sale de manera abundante e intermitente coincidiendo con cada pulsación. Las arterias son las que transportan la sangre desde el corazón hacia el resto del cuerpo y al tener ala presión, la hemorragia puede generar miedo en quien se accidenta como en quien lo asiste.

Precauciones a tener en cuenta y cómo controlar una hemorragia externa

Primero hay que recostar al herido. Hay que utilizar guantes de látex, o en su defecto alguna bolsa de nailon para no estar en contacto directo con la sangre. Algunas veces la herida no esta visible por la ropa o la posición de la persona, por lo tanto hay que despejar el lugar de la lesión para poder evaluar el tipo de hemorragia. Para esto hay que limpiar la herida con una gasa o tela limpia y desinfectar la herida con antisépticos, agua oxigenada o alcohol.

Para controlar la herida hay que aplicar un apósito o tela limpia ejerciendo presión fuertemente. En caso que no se cuente con uno de esos elementos, se puede hacer presión directamente con la mano, siempre que no tenga ninguna lesión sino usando guantes, ya que la mayoría de las hemorragias pueden ser controladas realizando presión. Además se pueden usar vendajes de presión para no tener que usar las manos. Esta técnica, de compresión directa, suele complementarse con la elevación de la zona afectada, por ejemplo, en lesiones en los miembros inferiores y superiores hay que elevar los miembros superando el nivel del corazón, ya que con esto se disminuye la presión de la sangre en la zona de la herida, reduciendo la hemorragia. Hay que cubrir los apósitos con una venda de rollo y si el sangrado continua, no hay retirar el vendaje anterior sino seguir colocando apósitos. Pero la técnica de elevación no hay que realizarla cuando se intuya una fractura o lesión en la columna vertebral, ya que previamente hay que inmovilizar la extremidad afectada.

La técnica de presión directa sobre la arteria, se realiza comprimiendo una arteria contra el hueso subyacente con la yema de los dedos. De esta manera se reduce la irrigación de toda la extremidad y no sólo de la herida. Se emplea en ocasiones en que no se ha podido controlar la hemorragia con las técnicas de compresión directa y elevación o en los que no pueden usarse dichos métodos por ejemplo en fracturas expuestas.

Otra técnica conocida es el torniquete, que es el último recurso a utilizar, ya que puede producir graves consecuencias como gangrena. La compresión que se realiza sobre los nervios, cercanos a las venas y arterias, genera un bloqueo en el suministro de oxígeno, comprometiendo la transmisión de impulsos nerviosos que podrían ocasionar hasta la parálisis del miembro afectado. Debe ser aplicado entre el corazón y la herida, cuatro dedos arriba de la herida, lo más común para realizarlo es un pañuelo o una tela de cómo minino 5 cm de ancho, y no hay que usar elementos finos que puedan llegar a cortar como alambre o cuerda. Hay que dar dos vueltas con la venda y hacer un nudo, poner un palo firme y corto y hacer dos nudos sobre el mismo. Para controlar la hemorragia hay que hacer girar levemente el palo. Aproximadamente cada 7 minutos hay que soltar la compresión. Luego hay que trasladar al herido a un centro de salud, y es muy importante anotar la hora y lugar del torniquete y prenderlo a la persona con cuidado para que no quede oculto bajo la ropa.

 

Hemorragia interna

En las hemorragias internas, la sangre queda en el interior del cuerpo y no brota hacia el exterior, se acumula debajo de la piel o en una cavidad orgánica, en este caso es más grave. Punciones, aplastamientos, fracturas y desgarros en vasos u órganos pueden ser los causantes de este tipo de hemorragias.

Señales para descubrir hemorragias internas y cómo tratar

La persona puede: tener el pulso débil o imperceptible, presentar una palidez extrema, desmayarse o sentir mareos, hematomas, pérdida de sangre por vagina o recto, problemas para respirar en situaciones de sangrado torácico, entre otros.

Hay que trasladar a la persona lo más rápido posible, si presenta los síntomas o si se intuye que la fuerza que produjo la lesión es capaz de producir una hemorragia interna. Se debe abrigar a la persona, tomarle el pulso y la respiración cada cinco minutos, y no hay que darle nada de beber.

 
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